La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —SÃ, madre, por un pájaro —contestó Kit—. Aquà está. Es el pájaro de la señorita Nell, madre, e iban a retorcerle el cuello. Pero yo lo he impedido, ¡ja, ja, ja! QuerÃan torcerle el cuello delante de mÃ, ja, ja. Eso querÃan, madre, ni más ni menos. ¡Ja, ja, ja!
Kit reÃa con tantas ganas, enseñando entre la toalla su cara hinchada y magullada que hizo reÃr al pequeño Jacob, y luego a la madre, y a continuación el bebé se puso a canturrear y a dar patadas de alegrÃa, y al final todos rieron a coro, en parte por el triunfo de Kit y en parte porque se querÃan mucho. Terminado el ataque de risa, Kit enseñó el pajarillo a los dos niños, como si se tratara de un animal raro y precioso —era un simple pardillo— y, descubriendo en la pared un clavo suelto, utilizó de andamio una mesa y una silla y lo arrancó con entusiasmo.
—Mmm, dejadme que vea —exclamó el chico—. Creo que lo colgaré en la ventana; hay más claridad y más alegrÃa, y puede ver el cielo siempre que quiera mirar. Es de los que cantan, ¡os lo puedo asegurar!