La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Con su caracterÃstico ruido, la caravana se detuvo en el lugar de la exposición, donde Nell se apeó en medio de un grupo de niños curiosos, que evidentemente a ella la suponÃan un importante elemento del espectáculo y a su abuelo una ingeniosa figura de cera. Las cajas fueron sacadas con la mayor prontitud posible y llevadas dentro para que las abriera la señora Jarley, quien, asistida por George y otro hombre con calzones de fieltro y sombrero grisáceo adornado con billetes de entrada, esperaba para disponer de su contenido (que consistÃa en festones rojos y otros muebles ornamentales) con vistas a la mejor decoración de la sala.
Se pusieron manos a la obra sin perder tiempo, pues habÃa mucha faena. Como la magnÃfica colección se hallaba aún envuelta en lienzos —para que el insidioso polvo no hiriera la tez de los personajes—, Nell ayudó diligentemente en el embellecimiento de la sala, al que su abuelo contribuyó también lo mejor que pudo. Como los dos hombres eran diestros en el oficio, el trabajo cundió mucho. Entretanto, la señora Jarley les servÃa clavos de una bolsa de lino —como de cobrador de peaje— que se ponÃa para la ocasión mientras daba ánimos a todos.