La tienda de antiguedades

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Esta óptima impresión no pasó desapercibida a la señora Jarley, la cual, temerosa de que Nell se devaluara por exceso de exposición, mandó al bandolero a pasear solo de nuevo, guardándola a ella en el museo, donde se dedicaba a describir las figuras cada media hora, para satisfacción del público admirador. Un público también de calidad, pues incluía varios pensionados de señoritas, para los que la señora Jarley se había desempeñado de manera especial; había modificado la cara y el atuendo del payaso Grimaldi para que representara, al señor Lindley Murray en trance de componer su gramática inglesa, y había convertido a una asesina de renombre en la señora Hannah More; el gran parecido de estas fue debidamente reconocido por la señorita Monflathers, directora del principal internado de la ciudad, que tuvo la condescendencia de realizar una visita privada acompañada de ocho selectas señoritas, que quedaron asimismo sorprendidas del consumado parecido. El señor Pitt, con gorro y bata de noche, pero sin botas, representaba al poeta Cowper con perfecta exactitud; y la reina María de Escocia, con su peluca negra, cuello de camisa blanco y traje de hombre, era una imagen tan exacta de lord Byron que las señoritas se maravillaron al verlo. Sin embargo, la señorita Monflathers reprimió su entusiasmo y aprovechó para reprender a la señora Jarley por no ser más cauta en la selección de las figuras; así, señaló que su señoría había expresado ciertas opiniones completamente incompatibles con el honor de un museo de cera, y añadió algo relacionado con el respeto debido a la Iglesia, que la señora Jarley no comprendió.


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