La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades De repente le vino una idea: ¿y si la figura entraba también con la intención de matar al anciano? Creyó que, iba a desmayarse. ¡La figura entró! Había luz dentro. La figura estaba ahora en el interior. La niña se quedó mirando, sin voz y casi sin conocimiento.
La puerta se había quedado entreabierta. Sin saber qué haría, pero decidida a impedir que mataran a su abuelo, o a ella misma, se acercó titubeando… y miró.
¿Y qué fue lo que vieron sus ojos?
La cama estaba sin deshacer, lisa y vacía. Y a la mesa estaba sentado el anciano, el único ser vivo allí, contando el dinero que acababa de robarle, la cara pálida y afilada por la avaricia que volvía sus ojos sobrenaturalmente brillantes.