La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades La procesión se puso en marcha, de dos en dos, con los libros y parasoles por delante, y la señorita Monflathers, tras llamar a la hija del baronet para que paseara a su lado y le sosegara el ánimo alterado, despachó a las dos profesoras, que habían cambiado para entonces las sonrisas por miradas de simpatía, y las dejó pira que vigilaran la retaguardia y se odiaran mutuamente un poco más al verse obligadas a pasear juntas.