La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Como el señor Swiveller estaba completamente solo, puede suponerse que dirigía estas reflexiones ya a sí mismo, ya al destino, al que, como sabemos por los libros, es costumbre que los héroes se quejen amarga e irónicamente cuando se ven en situaciones desagradables. Esto era muy probable, dada la circunstancia de que el señor Swiveller dirigía sus observaciones al techo, donde se supone que habita el destino, a menos que estemos en un teatro, en cuyo caso los personajes miran a la gran araña del techo.