La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades La atención de la niña se centró exclusivamente en aquellas moradas, sin saber muy bien por qué. La iglesia, las ruinas, las viejas tumbas tenían el mismo derecho a ser objeto de los pensamientos de una forastera, pero, desde el momento en que sus ojos se fijaron en aquellas dos moradas, ya no pudo contemplar nada más. Incluso cuando hubo terminado el recorrido del recinto y, de vuelta al pórtico, se quedó esperando pensativamente a su amigo, incluso entonces se acomodó donde mejor podía contemplarlas, movida por una especie de fascinación.