La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades El vejete miró al abuelo y de nuevo a la niña, cuya mano tenÃa tiernamente apretada.
—Te sentirás feliz aquà —declaró—. Intentaremos, al menos, que asà sea. Veo que ya has hecho grandes mejoras en la casa. ¿Ha sido trabajo tuyo?
—SÃ, señor.
—Podemos hacer unos cuantos arreglos más, no mejores que estos, pero sà con más medios, tal vez —sugirió el bachiller—. Vamos a ver qué se puede hacer.