La tienda de antiguedades

La tienda de antiguedades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Este símil poético, que Kit consideró una alusión especial a su propio chaleco de rayas, lo venció al fin. La voz y el ademán del señor Brass contribuyeron no poco a tal efecto, pues discurría con la suave austeridad de un eremita, y sólo faltaba un cordón que ciñera su abrigo raído y una calavera en la repisa de la chimenea, para parecer un religioso en toda regla.

—Bien, bien —prosiguió Sampson, sonriendo como sonríen los hombres buenos cuando se compadecen de sus propias debilidades, o de las del prójimo—. Pero… para no andarnos tanto por las ramas…, toma esto, por favor —apostilló, señalando dos medias coronas que había sobre la mesa.

Kit miró primero las monedas, después a Sampson y vaciló.

—Son para ti —insistió Brass.

—¿Son de…?

—No importa la persona de la que puedan provenir —repuso el abogado—. Escucha una cosa, por favor. Tenemos unos amigos un tanto excéntricos ahí arriba, Kit, y no debemos hacer preguntas ni hablar demasiado; tú me comprendes, ¿verdad? Cógelas, y nada más. Y, aquí entre nosotros, no creo que sean las últimas que vas a coger de la misma mesa. Espero que no. Adiós, Kit. ¡Adiós!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker