La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —¡Ah! —responde el señor Brass, inagotable pozo de preceptos morales y de respeto a la virtud—. Encantador tema de reflexión, realmente encantador. Un tema para sentirse orgulloso y congratularse, Christopher. La honradez es la mejor polÃtica. Conmigo pasa lo mismo. Precisamente he perdido esta mañana cuarenta y siete libras y diez chelines por ser honrado. Pero eso no es una pérdida, ¡es una ganancia!
El señor Brass se acaricia pÃcaramente la nariz con la pluma y mira a Kit, que tiene los ojos inundados de lágrimas. Kit piensa que si alguna vez ha habido hombre cuyas apariencias engañen, ese hombre es Sampson Brass.
—Un hombre —continúa Sampson— que pierde cuarenta y siete libras en una sola mañana a causa de su honradez es un hombre al que hay que envidiar. Si hubieran sido ochenta libras, la plenitud de mi corazón habrÃa sido aún mayor. Cada libra perdida habrÃa sido un quintal de felicidad ganada. Hay una vocecilla, Christopher —eleva la voz Brass, sonriendo y dándose una palmadita en el pecho—, que me canta unas canciones dulces, que son pura felicidad y alegrÃa para mÃ…