Oliver Twist
Oliver Twist —Mucha falta me hace, en efecto; no he dormido bajo techado desde que salà de mi paÃs.
—Pues no te preocupe tan poca cosa. Esta noche necesito llegar a Londres, donde conozco a un anciano respetable, vecino de la ciudad, que te alojará de balde… siempre que te presente uno de sus conocidos. ¿Pero me conoce a m� ¡No!… ¡Ciertamente que no! ¡Pero no importa!
SonreÃa picarescamente el joven mientras pronunciaba las palabras últimas de su discurso, como indicando que eran irónicas, y terminó su ofrecimiento dando fin a la cerveza del jarro.
La oferta inesperada de un albergue era demasiado tentadora para que a Oliver se le ocurriera siquiera la idea de rehusarla, sobre todo después de asegurar el joven desconocido a Oliver que el buen caballero a quien se habÃa referido le buscarÃa un acomodo excelente sin pérdida de tiempo.
Como es natural, la conversación fue tomando giro amistoso y confidencial, que puso en conocimiento de Oliver que su amigo se llamaba Santiago Dawkins, y que era protegido y favorito del repetido anciano.