Oliver Twist
Oliver Twist Hizo el judÃo un guiño, seguido de una reverencia, y tomando a Oliver por la mano, le dijo que abrigaba la esperanza de estrechar más y más su amistad. A continuación le rodearon los jovencitos de las pipas y menudearon tanto los enérgicos apretones de manos, que a poco más pierde el hatillo que en una llevaba, que fue precisamente la que todos estrechaban con más fuerza. Fue una escena encantadora. Todos se desvivÃan por servir a Oliver. Uno le quitaba la gorra otro llevaba su complacencia hasta el extremo de desocupar sus bolsillos a fin de que, al irse a dormir, no tuviera que tomarse la molestia de vaciarlos por sà mismo. Es más que probable que aquellas atenciones hubieran llegado hasta bastante más lejos, de no haber prodigado el judÃo algunas caricias a los complacientes jóvenes con el mango de la tostadera.
—Nos alegramos infinito de verte. Oliver… infinito —dijo el judÃo—. Tú, Truhán, saca las morcillas y acerca a la lumbre un banco para que se siente tu amigo… ¡Ah! Veo que atraen tus miradas los pañuelos de la colección, ¿eh? Son muchos y de calidad superior, ¿no? Acabamos de sacarlos para ponerlos en colada, Oliver. ¡Ja, ja, ja!
Las palabras del judÃo arrancaron aplausos estrepitosos a la concurrencia.