Oliver Twist
Oliver Twist —¡Bien, muchachos, muy bien! ¿Qué has apandado, Truhán?
—Dos carteras.
—¿Repletas? —preguntó con ansiedad el judÃo.
—AsÃ, asà —contestó el Truhán, presentando dos carteras, verde una y roja la otra.
—Más provistas podrÃan estar —observó el judÃo, después de registrar su contenido—. Pero, en fin, son nuevas y están primorosamente hechas. Parecen de un hábil fabricante: ¿no es verdad, Oliver?
—Es verdad, señor —contestó Oliver.
Esta respuesta arrancó estrepitosas carcajadas a Carlos Bates, con no poca estupefacción de Oliver, quien no acertaba a comprender el motivo de la risa.
—Y tú, querido, ¿qué traes? —Preguntó el judÃo a Bates.
—Unos cuantos pañuelos —contestó el interrogado, sacando cuatro del bolsillo.
—¡Bien! —dijo el judÃo, después de examinarlos detenidamente—. Son buenos, pero los han marcado bien, Carlos; en consecuencia, será preciso quitar las marcas que tienen, de lo se encargará Oliver, luego que le hayamos enseñado cómo se hace. Poco le costará aprenderlo; ¿no es verdad, Oliver? ¡Ja, ja, ja, ja!
—Lo que usted mande, señor.
—¿Te agradarÃa aprender a hacer pañuelos tan a la perfección como los hace Carlos Bates, querido mÃo?