Oliver Twist
Oliver Twist Terminado el almuerzo, el complaciente viejo y sus dos protegidos dieron comienzo a un juego tan curioso como peregrino. He aquà en qué consistÃa: el gracioso viejo metió una cajita para rapé en uno de los bolsillos de sus calzones y una cartera en el otro, un reloj en el bolsillo del chaleco sujeto a una cadena sólida que llevaba pendiente del cuello; adornó la pechera de su camisa con un alfiler de brillantes, abrochóse la levita de arriba abajo, y poniendo en los bolsillos de ésta el pañuelo y un estuche con unos anteojos, empezó a pasear a lo largo de la habitación jugueteando con su bastón, como suelen hacerlo los caballeros de alguna edad cuando salen a paseo. Parábase unas veces delante de la chimenea y otras frente a la puerta, como si estuviera admirando los escaparates de las tiendas, pero siempre que asà lo hacÃa, miraba constantemente en derredor como temiendo la proximidad de ratas que le aligerasen los bolsillos, y llevaba a éstos las manos a fin de asegurarse de que nada habÃa perdido, y todo con aire tan cómico y natural, que Oliver reÃa a carcajadas. Los dos jóvenes seguÃan de cerca al viejo, pero esquivando sus miradas con tanta ligereza cada vez que el judÃo se volvÃa a mirarles, que era imposible seguir sus movimientos. El Truhán al fin salió al paso al viejo, pisó accidentalmente a éste, y Bates, que se aproximó por detrás, en un abrir y cerrar de ojos le quitó la cajita para rapé, la cartera, el reloj con la cadena, el alfiler de brillantes, el pañuelo y todo cuanto en los bolsillos llevaba el viejo todo lo cual pasó a los suyos con rapidez incomprensible. Si el judÃo sentÃa la mano dentro de alguno de sus bolsillos, decÃa en cuál, y el juego volvÃa a principiar.