Oliver Twist
Oliver Twist —Han concluido, sà —contestó el judÃo—. ¡Digo! A no ser que inesperadamente y por casualidad se les presente oportunidad de hacer algo en la calle, en cuyo caso no la desperdiciarán; está seguro de ello. Tómalos como modelos, hijo mÃo —añadió el viejo, dando golpes con la badila sobre el suelo, como para añadir fuerza a sus palabras—. Haz cuanto te manden, obedéceles en todo, inspÃrate en sus consejos… sobre todo en los que te dé el Truhán, llamado a ser un gran hombre. Él te hará entrar en carrera, a poco que procures imitarle… ¿Asoma por mi bolsillo la punta del pañuelo, hijo mÃo?
—SÃ, señor.
—Procura sacarlo sin que yo lo note, tal como viste que lo hacÃan ellos mientras estábamos jugando.
Oliver sujetó con una mano el fondo del bolsillo del viejo, como habÃa visto que lo hacÃa el Truhán, y con la otra tiró ligeramente del pañuelo.
—¿Ya? —preguntó el judÃo.
—SÃ, señor —contestó el huérfano, enseñándole la prenda.
—Veo que eres listo, hijo mÃo —dijo el alegre anciano, pasando la mano por la cabeza de Oliver—. No he visto mano más hábil… ¡Toma! Este chelÃn es para ti. Si continúas de este modo, te auguro que no tardarás en ser el primer hombre del siglo. Ven ahora, y te enseñaré a quitar las marcas de los pañuelos.