Oliver Twist
Oliver Twist —Algo advierto en la cara de ese muchacho que me interesa y conmueve. ¿Será inocente? Voy sospechando que sÃ… ¡Es particular! —añadió, poniendo fin brusco a su paseo y clavando los ojos en la atmósfera—. ¿Dónde he visto yo antes una cara como la suya?
Al cabo de breves instantes de inmovilidad, el caballero se retiró a un rincón del patio, donde evocó todas las caras que en su vida habÃa tenido ocasión de ver.
—¡No! —dijo después de un rato de meditación profunda—. ¡Debo estar engañado!
Lejos de darse por convencido, insistió con nuevos brÃos en su labor imaginativa. Ante el conjuro de su voluntad potente se rasgaron las tinieblas que envolvÃan su pasado, y surgieron ante sus ojos caras de amigos y caras de enemigos, caras de doncellas frescas y hermosas que la zarpa cruel de los años habÃa trocado en apergaminadas viejas, caras que la tumba habÃa destruido, pero que su fantasÃa, más potente que la misma tumba, reconstituyó engalanándolas con la lozanÃa y belleza que en vida tuvieron, devolviendo el brillo a sus ojos y el encanto a su sonrisa, dotándolas de un alma más radiante, más pura y más hermosa que la que les sirvió de carroza en su glorioso viaje a los cielos.