Oliver Twist
Oliver Twist —¡Que preste juramento ese sujeto! —gruñó Fang con cara hosca—. ¿Qué es lo que usted tiene que decir?
—Lo siguiente —contestó el del vestido negro—: Vi correteando por la calle a tres niños, uno de los cuales era el prisionero, mientras este caballero estaba leyendo. El robo lo cometió uno de los tres, pero no el que ha caÃdo en poder de la justicia. Lo vi todo, vi cómo sacaban el pañuelo, y vi que el hecho llenó de asombro y de estupefacción a ese infeliz que tienen preso.
A continuación, el librero procedió a contar la historia del robo de forma más ordenada con las circunstancias que en él concurrieron.
—¿Por qué no se presentó usted antes? —preguntó Fang después de una pausa.
—Porque no podÃa dejar abandonado mi comercio —replicó el librero—. Cuantas personas hubieran podido reemplazarme, se unieron a los perseguidores del inocente. A nadie encontré hasta hace cinco minutos. No bien me fue posible, vine corriendo.
—¿El robado estaba leyendo? —preguntó el juez después de otra pausa.
—SÃ, señor; leÃa el libro mismo que ahora tiene en la mano.
—¡Ah! El libro que conserva en la mano, ¿eh? ¿Lo ha pagado?