Oliver Twist
Oliver Twist —No, señor —contestó el librero sonriendo.
—¡Es verdad! ¡Lo habÃa olvidado! —terció el caballero con ingenuidad.
—¡Desaprensivo necesita ser usted, señor mÃo, para atreverse a formular acusaciones contra ese pobre niño! —exclamó el señor Fang, haciendo cómicos esfuerzos para aparentar sentimientos humanitarios—. Entiendo que se ha apoderado de ese libro por medios feos y reprobables. Dé usted gracias a que el librero renuncia al derecho que le asiste de perseguirle criminalmente… Sea para usted lección saludable lo que acaba de suceder si no quiere que la ley descargue su espada contra usted. El niño queda absuelto… ¡Despejen inmediatamente!
—¡Me dará usted satisfacciones! —bramó el anciano, dando rienda suelta a la cólera comprimida desde hacÃa rato en los estrechos lÃmites de su pecho—. ¡Exijo… usted!…
—¡Despejen! —repitió el juez—. ¿Oyen ustedes, guardias? ¡Despejen inmediatamente!