Oliver Twist
Oliver Twist Luego que trasegó dos o tres vasos de licor, Sikes llevó su condescendencia hasta el extremo de enterarse de la presencia de los dos pilletes, a los cuales consintió que tomaran parte en una conversación que versó principalmente sobre el cómo y el porqué de la prisión de Oliver. Huelga decir que los cronistas de la misma hicieron una narración circunstanciada, en la que introdujeron cuantas alteraciones creyó el Truhán que aconsejaba la prudencia.
—Temo que ese muchacho diga cosas que nos proporcionen algún disgusto —observó el judío.
—Es muy probable —respondió Sikes, sonriendo con malicia—. Me parece que te veo bailando el zapateado en el aire, Fajín.
—Y temo también —repuso el judío, afectando no haberse percatado de la interrupción y mirando con fijeza a su interlocutor—, que sí comienza el baile conmigo, puedan bailar muchos otros, con la circunstancia de que el baile que éstos bailen, y sobre todo el que baile usted, mi querido amigo, será más movido que el mío.
Estremecióse Sikes y se revolvió con furia contra el judío, pero vio que éste tenía fija la mirada en el techo y que la expresión de su rostro era de inocencia perfecta.