Oliver Twist
Oliver Twist —Todos podrás leerlos si te portas bien —observó el caballero—. Por cierto que su lectura te agradará mucho más que sus cubiertas… es decir, no siempre, pues libros hay cuyo mérito único está en la encuadernación.
—Serán esos tan grandes, señor —dijo Oliver, extendiendo el brazo hacia unos volúmenes en cuarto mayor, cuyos lomos ostentaban hermosos relieves dorados.
—No me refiero a ésos precisamente —replicó el anciano, dando unos golpecitos en la espalda al muchacho—. Otros hay que pesan tanto como éstos, aun cuando sus dimensiones sean muchÃsimo más pequeñas. ¿Te gustarÃa llegar a ser un sabio y escribir libros, hijo mÃo?
—Creo que preferirÃa leerlos, señor.
—¡Cómo! ¿No te agradarÃa ser autor?
Al cabo de algunos momentos de reflexión, contestó Oliver que, a su juicio, era mejor el oficio de librero que el de autor, contestación que hizo reÃr de muy buena gana al caballero, quien concluyó por declarar que no dejaba de estar en su punto la respuesta. Huelga decir que Oliver quedó sumamente satisfecho, bien que sin comprender el porqué de la risa de su protector.
—¡Bien, hijo mÃo, bien! —exclamó el señor Brownlow con seriedad—. No te asustes, que mientras haya un oficio que aprender, te prometo que no serás autor.