Oliver Twist
Oliver Twist Caminaba el señor Bumble muy deprisa, y el pobre Oliver trotaba a su lado asido con fuerza a su bocamanga galoneada. Cada cuarto de milla que recorrían le preguntaba si llegarían pronto. El señor Bumble contestaba siempre con sequedad y dureza, pues la influencia bienhechora que en su carácter operara el refresco se había evaporado, y volvía a ser el estirado bedel.
Un cuarto de hora apenas habría transcurrido desde que Oliver penetrara en el recinto del hospicio y no había hecho más que acabar de triturar entre sus dientes el segundo bocado de pan, cuando el señor Bumble, que al entrar le había confiado a los cuidados de una vieja, volvió para decirle que era noche de junta y que ésta le mandaba que se presentara ante ella.