Oliver Twist
Oliver Twist Como el pobre Oliver no tenÃa noción exacta de lo que era una junta, quedó admirado al oÃr la noticia y sin saber con precisión si debÃa reÃr o llorar. Verdad es que no le concedió mucho tiempo para hacer grandes reflexiones el señor Bumble, quien le dio con el bastón, un golpecito en la cabeza para indicarle que se levantase, y otro en la espalda para despertar el movimiento de sus piernas, mandándole a continuación que le siguiese y conduciéndole a una habitación blanqueada de grandes proporciones, donde se hallaban sentados alrededor de una mesa ocho o diez señores muy gruesos, presididos por otro de mayor corpulencia y de cara redonda y colorada, que ocupaba un sillón más elevado que los de los demás.
—Saluda a la Junta —dijo Bumble.
Secó Oliver dos o tres lágrimas que rodaban por sus mejillas, y saludó.
—¿Cómo te llamas, niño? —preguntó el señor del abdomen más desarrollado.