Oliver Twist
Oliver Twist Durante el té, como el señor Grimwig tuvo la dignación de encontrar excelentes los bizcochos, la conversación siguió derroteros menos escabrosos, y Oliver, que también estuvo presente a té, comenzó a sentirse más tranquilo ante aquel fiero y destemplado caballero.
—¿Y cuándo vamos a tener el placer de escuchar la historia completa, verÃdica y detallada de la vida y aventuras de Oliver Twist? —preguntó el señor Grimwig mirando de soslayo a Oliver.
—Mañana por la mañana —contestó el señor Brownlow—; pero deseo que me la cuente a mà solo. Sube a mi despacho mañana a las diez, hijo mÃo.
—Está bien, señor —contestó Oliver con cierta vacilación, provocada por las furibundas miradas que le dirigÃa el señor Grimwig.
—¿Quiere usted que le diga una cosa? —preguntó Grimwig, pegando su boca al oÃdo de su amigo—. No subirá: no le espere usted. He visto su vacilación. Le está engañando a usted, amigo mÃo.
—¡JurarÃa que no! —replicó con calor el señor Brownlow.
—¡Y yo me… —aquà descargó un bastonazo tremendo— si no le engaña!
—¡GarantizarÃa la honradez del chico con mi vida! —insistió el señor Brownlow descargando un puñetazo sobre la mesa.
—¡Y yo con mi cabeza que es un bribón!