Oliver Twist
Oliver Twist Los faroles de las calles derramaban ya su incierta claridad. La señora Bedwin esperaba con ansiedad junto a la puerta de la calle. Veinte veces había salido el criado camino de la casa del librero por si daba con las huellas de Oliver, y los dos ancianos continuaban sentados frente a frente, inmóviles y silenciosos, fijos sus ojos en la esfera del reloj, que no veían, pues en la estancia en que se encontraban nadie había cuidado de encender luces.