Oliver Twist
Oliver Twist —Y más si la lección se prolonga —repuso el de los golpes, administrando al muchacho un par más y agarrándole por el cuello—. ¡A casa, malvado! ¡A ése, León, a ése… ¡Cuidado con el perro, muchacho, que tiene malas pulgas!
Debilitado por efecto de la reciente enfermedad, aturdido por los golpes y desconcertado ante lo imprevisto del ataque, espantado por añadidura por los amenazadores gruñidos del perro y por la brutalidad de aquel hombre, y avergonzado al ver que todos los presentes por ladrón le tenÃan, ¿qué podÃa hacer el desventurado? HabÃa cerrado la noche, no podÃa esperar socorros humanos, la resistencia era inútil.
Momentos después se veÃa arrastrado por un laberinto de callejas estrechas y solitarias a velocidad que imposibilitaba por completo la emisión de gritos en demanda de socorro. Verdad es que nada hubiera salido ganando si se le hubiese permitido gritar, pues nadie habÃa por aquellos parajes dispuesto a prestárselo a ningún desgraciado.