Oliver Twist
Oliver Twist —Ya están ustedes viendo cómo me conoce —arguyó Anita, dirigiéndose a los curiosos. No ha podido sostener su negativa. OblÃguenle a venir conmigo, buenas gentes, si quieren evitar que su pobre madre muera de dolor y yo me desespere.
—¡Pero qué diablos es esto! —gritó un hombre, saliendo bruscamente de una cervecerÃa, seguido por un perro blanco—. ¡Toma! ¡Pues si es Oliver! ¡Anda! ¡Vete con tu pobre madre, granuja! ¡A casa inmediatamente!
—¡No es verdad… no les conozco! … ¡Socorro! ¡Socorro! —gritó Oliver intentando desasirse de la poderosa zarpa de aquel hombre.
—Socorro, ¿eh? —repitió el intruso—. ¡Yo te socorreré, pillete! ¿Qué libros son ésos? ¿Dónde los ha robado? ¡Vengan aquÃ!
Mientras de esta suerte increpaba al muchacho, arrebatóle el paquete de libros y con el mismo le golpeó la cabeza.
—¡Asà se hace! —gritó un hombre desde una ventana—. No hay medio mejor para hacer entrar en cuerda a esos granujillas.
—¡El Evangelio! —terció un carpintero dirigiendo una mirada de aprobación al de la ventana.
—Eso le servirá de lección provechosa —dijeron dos mujeres.