Oliver Twist
Oliver Twist —¡No, no! —exclamó la joven, asiendo con fuerza la mano de Oliver—. ¡No hay necesidad! Esto no es nada… Me siento ya mejor. ¡Vamos, vamos a casa, ingrato!
—¿Pero qué es lo que pasa? —preguntó una de las curiosas.
—¡Oh! —respondió la joven—. Que se escapó hace ya un mes de su casa, dejando desesperados a sus padres, personas honradas y trabajadoras, para correr a sus anchas en compañÃa de una cuadrilla de pilletes tan malos como él: ¡Oh! ¡Su madre ha estado a punto de morir de dolor!
—¡Tunante! —exclamó una mujer.
—¡A casa, bribonzuelo! —añadió otra.
—Esta joven se equivoca —replicó Oliver, comenzando a alarmarse—. Debe confundirme con otro, pues no la conozco siquiera. Además: no tengo hermanas, ni madre ni padre. Soy huérfano y vivo en Pentenville.
—¡Habráse visto desvergüenza!, —exclamó la joven.
—¡Cómo! ¡Si es Anita! —dijo Oliver, viendo la cara de la joven y retrocediendo un paso sin poder disimular su asombro.