Oliver Twist
Oliver Twist Sonaron pasos de alguien que se alejaba, y un minuto más tarde apareció la auténtica personalidad de Dawkins, alias el Truhán, llevando en la diestra una vela fija en la punta de un palo.
El caballerito sonrió irónicamente mirando a Oliver, y sin dignarse dar otras señales de reconocimiento, giró sobre sus talones haciendo a todos seña de que le siguieran. Bajaron una escalera, atravesaron una cocina desnuda de enseres y cacharros y, abriendo la puerta de una estancia subterránea y húmeda, excavada debajo de un corral, penetraron todos en aquélla, donde fueron recibidos con una salva dé risotadas.
—¡Hijo mÃo! … ¡Hijo mÃo! —gritó Carlos Bates, de cuyos pulmones habÃan salido las carcajadas más sonoras—. ¡Aquà le tenemos!… ¡Oh! ¡La ovejita descarriada volvió al redil! ¡MÃrelo, FajÃn, mÃrelo! Yo no puedo… no puedo mirar su facha… ¡Sujétenme el vientre, por compasión, que voy a reventar de risa!