Oliver Twist
Oliver Twist —Conque pretendÃas escapar, ¿eh? —dijo, tomando en su mano un garrote nudoso, que habÃa en un rincón de la estancia.
No contestó Oliver, pero espiaba los movimientos del judÃo y, su respiración se hizo jadeante.
—QuerÃas pedir socorro, llamar a la policÃa, ¿no es cierto? —repuso el judÃo con entonación sarcástica agarrando al muchacho por un brazo—. Yo te quitaré las ganas de volver a hacerlo.
Acompañando la acción a la palabra, descargó un garrotazo sobre las espaldas de su vÃctima, y se disponÃa a repetir el golpe, cuando la joven, interponiéndose con ligereza, le arrancó la tranca de las manos. Seguidamente la arrojó al fuego con tal fuerza, que las brasas encendidas saltaron por los aires para caer en lluvia abundante en la habitación.
—¡No toleraré esas brutalidades, FajÃn! —gritó Anita—. Ya tiene usted al muchacho, ¿qué más quiere? ¡Déjelo en paz… pues de lo contrario, voy a estampar en su cuerpo una marca de las que se pagan con una porción de años en galeras!
Pateaba la joven con furia al lanzar la amenaza. Pálida de ira, crispados los labios y cerrados los puños, miraba ora al judÃo, ora al otro bandido con ojos que parecÃan carbones encendidos.