Oliver Twist
Oliver Twist —Es posible, mi buen amigo; mÃo, si usted lo prefiere.
—¿Y a qué diablos es debido —preguntó Sikes, mirando con fiereza a su agradable amigo— que te tomes tanto interés por ese mocoso de cara de cera, cuando sabes que todas las noches rondan por los alrededores de Common Garden cincuenta mejores que él, entre los cuales podrÃas escoger?
—Porque ésos no me sirven, amigo mÃo —contestó el judÃo con visible embarazo—. No valen lo que el trabajo de cogerlos. Si les encomendaba algún trabajo, su facha solo bastarÃa para descubrirlos. En cambio Oliver, manejado con destreza, puede hacer lo que no harÃan veinte de aquéllos juntos. Además —añadió el judÃo, recobrando su sangre frÃa habitual—, si volviera a tomar el portante, nos tendrÃa a merced suya y para evitarlo se impone embarcarlo en la misma barquilla en que navegamos nosotros. Cómo haya venido a parar a mis manos es lo que menos importa; lo esencial es que tome parte en un robo, y entonces, ya es mÃo. Es preferible esto a tener que suprimirle, lo que además de ser poco humanitario no dejarÃa de entrañar peligros para nosotros.