Oliver Twist
Oliver Twist —Me habÃa encargado que lo guardase cuidadosamente —repuso la enferma, exhalando un gemido de angustia—. Me lo confió, porque a nadie más que a mà tenÃa a su lado. Interiormente, con el corazón, se lo habÃa yo robado desde el instante que vi el paquetito pendiente de su cuello… Probablemente soy también responsable de la muerte del niño. ¡Mejor le habrÃan tratado si lo hubieran sabido todo!
—¿Sabido qué? —inquirió la matrona—. ¡Hable, por Dios, hable!
—Tan parecido era aquel niño a su madre —repuso la moribunda, sin tener en cuenta la pregunta—, que cuantas veces le veÃa, acudÃa a mi memoria la desdichada joven. ¡Pobrecilla!… ¡Infeliz! ¡Tan joven!… ¡Tan dulce!… ¡Espere usted!… Me queda mucho por decir… No se lo he dicho todo, ¿verdad?
—¡No, no! —respondió la matrona, pegando su oÃdo a la boca de la enferma, más débil por momentos—. ¡Dése prisa, hermana, no sea que le falte tiempo!