Oliver Twist
Oliver Twist —El año no viene al caso —contestó su impaciente oyente— ¿Qué hay de ella?
—¡Ah! —murmuró la moribunda, cuya inteligencia iba ganando nuevamente el sopor—. ¿Que qué hay de ella? Que… sobre… ¡Ah, sÃ! ¡Ya sé! —continuó, incorporándose con furia, arrebatado el semblante y con los ojos fuera de las órbitas—. ¡Que la robé… sÃ… la robé… yo! ¡La robé cuando aún no estaba frÃa! … ¡Aseguro que la robé sin esperar a que se apoderara de ella el frÃo de la muerte!
—Pero la robó… ¿el qué, por Dios santo? —gritó la matrona, haciendo ademán de pedir auxilio.
—¡Aquello! —contestó la moribunda, poniendo su mano sobre la boca de la que la escuchaba —¡Lo único que tenÃa! Ella carecÃa de ropas con que abrigarse, de alimentos que la reconfortaran, pero aquello lo conservaba intacto… lo llevaba en el pecho. ¡Era oro… oro, lo juro… oro rico que hubiera podido salvar su vida!
—¡Oro! —repitió la matrona, inclinándose con avidez sobre la mujer, que habÃa caÃdo de espaldas —¡Adelante… siga, siga! … ¿Y después? ¿Qué pasó? ¿Quién era aquella joven, aquella madre? ¿Cuándo sucedió eso?