Oliver Twist
Oliver Twist —¿Qué dices ahora? —Preguntó el judÃo, terminada la exploración—. Excepción hecha de nosotros, no hay en la casa más alma viviente que Tomás Crackit y los muchachos, y todos ellos duermen como troncos. Puedes verlo con tus propios ojos.
Esto diciendo, el judÃo sacó dos llaves del bolsillo y manifestó que a fin de evitar intrusiones, antes de dar comienzo a la conferencia habÃa encerrado en sus habitaciones respectivas a los muchachos y a Tomás.
Tantas pruebas reunidas conmovieron no poco la solidez de la convicción de Monks. Sus protestas fueron perdiendo vehemencia a medida que avanzaban en su exploración sin encontrar nada, y al fin terminó por reÃrse de su propio miedo y por confesar que su imaginación sobreexcitada le habÃa jugado una de las suyas. Negóse, sin embargo, a continuar la conversación comenzada, por habérsele ocurrido de pronto que era más de la una de la noche, y se despidió amistosamente del judÃo.