Oliver Twist
Oliver Twist —Creo saber a qué fue debido —observó Giles—: a la cerca.
—No me extrañarÃa que asà fuera —contestó Britles, apoderándose de la misma idea.
—Puede usted tener la seguridad más absoluta de que la cerca dio, al traste con nuestra furia. De mà puedo decir que me abandonó la mÃa no bien la salté.
Por una coincidencia notabilÃsima, los otros dos habÃan experimentado la misma sensación en el mismo momento. Era, pues, evidente, que la causa del fenómeno fue la cerca, tanto más, cuanto que no podÃa caber ni sombra de duda acerca del momento preciso en que se produjo en ellos el cambio, pues recordaban todos tres perfectamente que al saltar la cerca fue cuando divisaron a los ladrones.
Formaban el trÃo los dos hombres que sorprendieron a los malhechores en la casa y un calderero ambulante que habÃa pasado la noche en un cobertizo anejo al edificio visitado por los bandidos, a quien despertaron, juntamente con sus dos mastines cruzados, para que tomara parte en la persecución. Giles desempeñaba en la casa las funciones dobles de despensero y mayordomo de la anciana dueña de la misma, y Britles hacÃa de todo. HabÃa entrado en la casa de niño, y como niño que prometÃa era tratado todavÃa, aunque habÃa visto ya más de treinta abriles.