Oliver Twist
Oliver Twist Fue tal el espanto que se apoderó de Oliver cuando reconoció el lugar en que se encontraba, que hasta dio al olvido por un momento los dolores lacerantes de su herida para no pensar más que en la fuga. ¡La fuga! ¡Huir él que apenas si en pie podía tenerse! Y aun cuando hubiera tenido toda la fuerza, toda la agilidad de un muchacho de sus años, ¿adónde iría? Empujó la puerta del jardín, y como no estaba más que entornada, giró inmediatamente sobre sus goznes. Casi desfallecido atravesó un pequeño prado, subió una escalinata que precedía a la puerta de entrada, llamó débilmente, y las fuerzas le abandonaron por completo: cayó contra el antepecho de la especie de terraza que se tendía frente a la casa.