Oliver Twist
Oliver Twist Mientras se encaminaban a la casa del magistrado, Bumble manifestó a Oliver que todo lo que tenÃa que hacer se reducÃa a aparentar mucha alegrÃa y contestar, cuando el caballero en cuestión le preguntara si deseaba aprender un oficio, que ése era su anhelo más ferviente. Instrucciones que Oliver prometió cumplir, tanto más cuanto que el buen señor Bumble le insinuó muy cariñosamente que, si faltaba a alguna de ellas, no respondÃa de lo que podrÃa sucederle.
Llegados al domicilio del magistrado, Oliver fue encerrado en un gabinetito, donde Bumble le mandó esperar hasta que volviera a recogerle.
Media hora permaneció allà el niño, con el corazón palpitante de temor, al cabo de la cual, Bumble asomó la cabeza, desnuda del lujoso tricornio, y dijo en alta voz:
—Oliver, queridito mÃo, el señor magistrado te espera.
Bajando la voz, y clavando en el infeliz una mirada amenazadora, añadió.
—¡Cuidado con lo que te he dicho, granujilla!