Oliver Twist
Oliver Twist —Nada absolutamente —contestó el doctor—. El miedo metió en la cabeza a uno de los servidores de esta casa la idea de que el muchacho en cuestión habÃa tomado parte activa en el conato de robo, lo que, como ustedes comprenderán, es un absurdo, una majaderÃa.
—Decirlo cuesta muy poco —terció Duff.
—Tiene razón mi compañero —dijo Blathers, haciendo con la cabeza movimientos de aprobación y jugueteando negligentemente con las esposas, que manejaba como si fueran unas castañuelas—. ¿Quién es el muchacho? ¿Qué antecedentes da de su persona? ¿De dónde ha salido? Porque supongo que no habrá caÃdo de las nubes…
—Desde luego aseguro que no ha caÃdo de las nubes —replicó el doctor, dirigiendo a las señoras una mirada expresiva—. Yo conozco su historia completa, desde que nació, pero no es cosa de narrarla en este instante, pues supongo que lo primero que ustedes desearán, será visitar el sitio por el que penetraron en la casa los ladrones, ¿no es verdad?
—SÃ, por cierto —contestó Blathers—. Necesitamos ante todo reconocer el teatro de los acontecimientos y luego, tomaremos declaración a los criados. Es el orden que habitualmente seguimos en los procedimientos.