Oliver Twist
Oliver Twist Por toda contestación, Oliver dio pruebas de desear con verdadero anhelo salir sin pérdida de segundo.
—Toma esta otra carta, aunque no sé si enviarla enseguida a su destino o si conviene diferirlo hasta que sepamos el estado de Rosa —añadió la señora Maylie reflexionando—. No la enviarÃa si no temiera una desgracia.
—¿Es también para Chertsey, señora? —preguntó Oliver, impaciente por desempeñar la comisión y tomando la carta con mano temblorosa.
—No —respondió la anciana, entregándosela automáticamente.
Oliver miró las señas, y vi que iba dirigida a Enrique Maylie residente en la morada de un gran señor del paÃs.
—¿He de llevarla a su destino señora? —preguntó a Oliver.
—No; decididamente no; esperaré hasta mañana —contestó la dama quedándose con la carta.
Entregó un bolsito al muchacho quien sin detenerse un momento más, salió con cuanta prisa le fu posible.
A todo correr emprendió Oliver la marcha a través de los campo ora entre los crecidos trigos, ora atravesando barbechos, sin cruzar la palabra con los campesinos ni detenerse más que contados segundos y muy de tarde en tarde para tomar aliento, hasta que llegó, sudoroso, rendido y cubierto de polvo a la plaza de la aldea.