Oliver Twist
Oliver Twist Aunque este cambio feliz ejercicio se visible influencia en el reducido cÃrculo de aquella familia, y por más que en la casa se oyeran de nuevo conversaciones alegres y sonaran animadas y ruidosas risas, lo cierto que habÃa ocasiones en que algunos de sus moradores, y hasta misma Rosa, ofrecÃan cierta expresión de reserva que no pasó inadvertida a Oliver. Con frecuencia encerraban la señora Maylie y hijo, permaneciendo horas enteras en la habitación, y no era raro ve huellas de llanto reciente en los ojos de Rosa. Estos sÃntomas se acentuaron, cuando el doctor señaló el dÃa en que pensaba regresar a Chertsey en tales términos, que era evidente que en el seno de la familia ocurrÃa algo que perturbaba la tranquilidad de Rosa y de alguna otra persona.
Una mañana, al fin, en ocasión en que Rosa se encontraba sola en el comedor, entró Enrique y le pidió, con vacilación manifiesta, permiso para hablarle durante algunos minutos.
—Pocos… muy pocos… bastarán, Rosa —dijo el joven, acercando su silla la de la niña—. Seguramente adivinas lo que de eso decirte pues no te son desconocidas las esperanzas más queridas de mi corazón, aun cuando hasta ahora no te las hayan confesado mis labios.