Oliver Twist
Oliver Twist —Hubiera sentido mucho no encontrarme en casa en el momento de marcharse usted y el señor Maylie —contestó Oliver.
—Es un buen muchacho —observó el doctor—. Pero hablando seriamente, Enrique, ¿obedece su por marcharse a alguna carta recibida de los inmortales?
—Los inmortales —replicó Enrique—, entre los cuales incluye, no me engaño, a mi inmortalÃsimo tÃo, no han tenido la dignación comunicarse conmigo desde que llegué aquÃ, ni es probable que la estación presente, ocurra nada que haga necesaria mi presencia inmediata entre ellos.
—De todas suertes, no puede negarse que es usted un hombre singular. Pero menos mal; es seguro que para las elecciones de Navidad conseguirá usted un puesto en el Parlamento, y que no puede darse preparación mejor para entrar de lleno en la vida polÃtica que esa movilidad maravillosa de parecer que le distingue, esos cambios bruscos, esas transiciones repentinas que forman su carácter. Algo es algo. Bueno es reunir condiciones para cualquier carrera y ejercitarse para obtener el premio, consista éste en un destino en una copa o en una suma de importancia.
Enrique Maylie abrió dos o tres veces la boca como con deseos de hacer alguna observación que probablemente habrÃa sorprendido no poco al buen doctor, pero se contentó con decir: