Oliver Twist

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Tras acalorada discusión, en el curso de la cual se regateó mucho, el judío consiguió rebajar la suma de cinco libras, pedidas por Sikes, a tres, cuatro chelines y seis peniques, jurando por todos los Patriarcas del Antiguo Testamento que no le quedarían en su casa más de dieciocho peniques, a lo que contestó Sikes con hosca expresión que se contentaría con aquella suma, toda vez que le era imposible obtener más. Mientras el Truhán y Bates guardaban los comestibles en un armario, Anita se preparó para acompañar al judío. Este, después de despedirse de su cariñoso amigo, emprendió la vuelta a su casa acompañado por la muchacha y sus dos discípulos, dejando a Sikes tumbado en la cama.

Sin contratiempo llegaron a la morada del judío, donde encontraron a Tomás Crackit y a Chitling jugando la décima quinta partida de cartas que, como es natural, perdió, lo mismo que todas las anteriores, el nombrado en último lugar, y con la décima quinta partida, el último penique. Las risotadas, cuchufletas y chistes a que la desgracia de Chitling dio lugar, no son para descritas aquí. Crackit, un poquito avergonzado de que le encontrasen entreteniéndose con quien tan inferior le era en posición y facultades mentales, bostezó, y después de preguntar cómo estaba Sikes, se encasquetó el sombrero para marcharse.


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