Oliver Twist
Oliver Twist —¡Naturalmente! ¡Es un alto honor! … ¡No le importe que hablen, Chitling! Esos dos son un par de envidiosos que rabian porque el señor Crackit, que jamás se digna tener familiaridades con ellos, las ha tenido con usted.
—¡Eso es! —exclamó Chitling con expresión triunfante—. Cierto que me ha dejado sin un penique; pero no me importa; cuando me dé la gana repondré mis pérdidas, ¿no es cierto, FajÃn?
—¿Quién lo duda? —replicó el judÃo—. Por cierto que esas cosas cuanto antes se hacen mejor. Reponga usted sus pérdidas sin desperdiciar momento… Y vosotros, Truhán y Bates, no sé si sabéis que ya deberÃas estar en campaña… ¡Vaya! ¡Van a dar las diez y no habéis hecho nada todavÃa!
Apresuráronse los jóvenes a obedecer la insinuación. Salieron los muchachos de la estancia, no sin antes despedirse de Anita con sendas cortesÃas, acompañando a Chitling, a quien hicieron objeto de mil burlas, sin tener en cuenta que la conducta de éste nada tenÃa de extraño, pues son muchos los jóvenes de buen tono que pagan bastante más caro que Chitling el honor de ser admitidos en la buena sociedad, y no pocos los caballeros de reputación confesada y reconocida generalmente que la han fundamentado sobre bases tan recomendables y honrosas como las que a la del brillante Tomás Crackit servÃan de cimiento.