Oliver Twist
Oliver Twist Una vez en la calle, Anita sentóse sobre el umbral de una puerta donde permaneció largo rato sumida en meditaciones tan profundas, que no parecÃa sino que hasta le robaron las fuerzas para seguir su camino. Levantóse de pronto con movimiento nervioso y echó a andar precipitadamente en dirección opuesta a la casa en que Sikes estaba esperándola, no tardando en convertirse en carrera desenfrenada lo que en los comienzos fuera paso sumamente rápido. Falta de fuerzas, detúvose para tomar aliento, y entonces, cual si volviera en sÃ,
o cual si deplorara la impotencia en que acaso se encontraba de llevar a cabo algo que la preocupaba, se retorció desesperada las manos y rompió a llorar.
Fuera que las lágrimas desahogaran un poco su pecho oprimido, fuera que se diese cuenta cabal de lo desesperado de su situación, el hecho, es que volvió sobre sus pasos, tomando casi con tanta rapidez como antes, rumbo opuesto al que traÃa, sin duda para ganar el tiempo perdido, o bien para armonizar su marcha con la de su desenfrenado pensamiento. No tardó mucho en llegar a la casa en que la estaba esperando el bandido.
Si al entrar reflejaba su rostro alguna agitación, no reparó en ella Sikes, quien se contentó con preguntar si traÃa el dinero, y al recibir contestación afirmativa exhaló un gruñido de satisfacción, dejó caer nuevamente la cabeza sobre la almohada y reanudó el sueño interrumpido.