Oliver Twist
Oliver Twist —Dame ahora el fardo —dijo Noé, soltando los tirantes que lo sujetaban a la espalda de su compañera y cargándole sobre sus hombros—. Cuidadito con hablar palabra a nadie. Sólo podrás hablar conmigo, y cuando yo te pregunte… ¿Cómo se llama esta casa… Los Tres… qué?
—Lisiados —contestó Carlota.
—Los Tres Lisiados —replicó Noé—. ¡MagnÃfica muestra! ¡Adelante! SÃgueme pegada a mis talones.
Dada esta orden, empujó la desvencijada puerta con un hombro y penetró en la casa, seguido por su compañera.
A nadie encontraron en la taberna más que a un judÃo joven que, apoyado de codos sobre el mostrador, leÃa un periódico arrugado y sucio. Al entrar Noé, el judÃo alzó los ojos para clavarlos en los de Noé, quien por no ser menos, clavó también los suyos en los del judÃo.
—¿Es ésta la taberna de Los Tres Lisiados? —preguntó Noé.
—La misma —respondió el interrogado.