Oliver Twist
Oliver Twist Consecuente con su sistema de prudencia. Claypole avanzó sin detenerse hasta llegar al Ángel del Islington, donde la abundancia de transeúntes y la multitud de carruajes hiciéronle creer, no sin razón, que empezaba el verdadero Londres. Sin detenerse más que el tiempo indispensable para observar cuáles eran las calles más concurridas, y como consecuencia, las que con mayor diligencia debía evitar, atravesó el camino de San Juan y no tardó en internarse por las callejuelas laberínticas y sucias comprendidas entre Gray’s Inn Lane y Smithfield, que hacen de aquella parte de la ciudad uno de los distritos más asquerosos que han quedado en el corazón de Londres desafiando los planes de reforma de nuestro siglo.
Por aquellas callejas avanzó Noé Claypole, llevando a Carlota pegada a sus talones, ora deteniéndose en medio del arroyo para estudiar el aspecto exterior de alguna taberna o parador inmundo, ora deslizándose a lo largo de las paredes cuando cualquier circunstancia le inducía a creer que aún era demasiado público para sus planes. Al fin se detuvo frente al establecimiento más humilde y repugnante que tropezó en el camino, el cual, una vez reconocido y examinado con detenimiento desde la acera de enfrente, tuvo el alto honor de ser el preferido, según manifestó Claypole a su compañera.