Oliver Twist
Oliver Twist Parece que la noticia interesó agradó a FajÃn, pues subiéndose sobre un banco, acercó cautelosamente sus ojos al cristal, desde donde pudo ver que el galante Claypole se servÃa una tajada enorme de carne fiambre y trasegaba trago tras trago de cerveza, al paso que administraba a su compañera dosis homeopáticas de ambas cosas.
—Me gusta la facha de ese prójimo —susurró FajÃn volviendo la cara hacia Barney—. No dudo que puede sernos de provecho. Por lo pronto, veo que sabe manejarse admirablemente con la muchacha… ¡Chitón! ¡No respires siquiera, que me conviene escuchar la conversación de esa interesante pareja!
El judÃo, con un ojo pegado al cristal y una oreja a la pared, escuchó con viva atención.
—Pues sà —decÃa Claypole continuando una conversación precipitada—. Mi intención es ser un caballero. Váyase al diablo los ataúdes y vivamos a lo señor. Yo, al menos, asà pienso hacerlo, y si tú no me imitas, Carlota, te acreditarás de tonta.
—Tu proyecto me gusta a rabiar, querido mÃo —contestó Carlota—; pero ten presente que no todos los dÃas encontraremos cofrecitos que vaciar.
—¡Váyanse al diablo los cofrecitos! ¿Te figuras que no hay en el mundo otras cosas tan apetitosas como los cofrecitos?
—¿Qué quieres decir?