Oliver Twist
Oliver Twist Estaba situado el comedor de del mostrador y un poquito bajo que éste, en forma que cualquier persona conocedora de la casa, sin más trabajo que el de levantar una cortinilla que cubrÃa un cristal pequeño colocado en un ventanillo abierto en la pared de la pieza citada, a cinco pies de elevación sobre su suelo, no sólo podÃa acechar cuanto allà pasase sin peligro de ser descubierta, pues el ventanillo se encontraba en el rincón más obscuro del comedor y protegido por añadidura con una gruesa viga detrás de la cual era sencillÃsimo ocultarse, sino también sorprender cualquier conversación que en la estancia se sostuviera, aun cuando los interlocutores hablasen en voz baja. Más de cinco minutos hacÃa que el dueño de la casa se encontraba en su observatorio, cuando entró FajÃn para inquirir algunas noticias referentes sus jóvenes discÃpulos.
—¡Cuidado! —exclamó Barney—. Tenemos forasteros en el comedor.
—¡Forasteros! —susurró FajÃn.
—SÃ; vienen de provincias, según dicen; pero, si no me engaño de medio a medio, son gentes de nuestra condición.