Oliver Twist
Oliver Twist —No puedo dudar que me parece usted un hombre simpático y digno de todo mi aprecio; pero me parece que mi unión con usted no es ni puede ser tan Ãntima como mi unión con mi interés personal.
—Recapacite usted un momento, amigo mÃo, nada más que un momento —dijo FajÃn, encogiéndose de hombros—. Ha dado usted un tropiezo según el mundo, aunque para mà sea una hazaña digna de respeto, una hazaña que merece mi aprobación y le da un tÃtulo más a mi cariño; pero hazaña que podrÃa valerle una corbata tan fácil de poner, como difÃcil de desatar: supongo que habrá comprendido que me refiero a la horca.
Bolter llevó maquinalmente la mano a la corbata, como si le apretara demasiado, y manifestó su conformidad con las palabras de su interlocutor por medio de un gruñido especial.
—La horca, amigo mÃo —repuso FajÃn—, es un poste indicador horrible que, en forma tan brusca como brutal, ha puesto fin desastroso a la carrera de más de un valiente que trabajaba sin recelo por nuestras calles. Pues bien: objetivo número uno debe ser esquivar los obstáculos que pueda encontrar en su camino y maniobrar siempre a distancia respetable de aquella señora.
—Tiene usted mucha razón: pero, ¿por qué me habla de cosas tan desagradables?