Oliver Twist
Oliver Twist —¡Ja, ja, ja, ja! ¡Viva el número uno! —gritó Bolter.
—En comunidades pequeñas como la nuestra —explicó el judÃo, creyendo que era llegado el momento de determinar su propia posición—, tenemos un número uno general… o lo que es lo mismo: usted no puede considerarse como número uno sin tenerme también a mà por número uno, de la misma manera que por número uno me tienen todos los demás.
—¡Demonio! —exclamó Bolter.
—Comprenda usted —añadió el judÃo, sin hacer caso de la interrupción—, que dada la trabazón, el enlace Ãntimo que debe existir entre nosotros, dada la identificación que entre nuestros intereses existe, no puede ser de otra manera. Por ejemplo: obligación suya es velar por la seguridad del número uno… entendiéndose a usted mismo por número uno.
—De acuerdo; tocante a eso no hay cuestión.
—Perfectamente. Usted no puede cuidar de sà mismo, número uno, sin cuidar también de mÃ, número uno.
—Querrá usted decir número dos —replicó Bolter, egoÃsta hasta lo infinito.
—No por cierto —replicó el judÃo—. Para usted, debo tener la misma importancia que tenga usted mismo.