Oliver Twist
Oliver Twist —Ha aparecido el dueño de la cajita; dos o tres testigos más han reconocido la cajita y han identificado a nuestro pobre amigo, el que puede darse por condenado a hacer el viaje. Necesito un traje completo de luto, FajÃn, y un crespón para mi sombrero, a fin de visitarle antes que salga para su destino. ¡Clama venganza al Cielo pensar que Dawkins, el gran Dawkins, el Truhán más truhán de todos los truhanes, salga de la nación por una mÃsera caja de rapé, que bien vendida no valdrÃa dos perros chicos! ¡Siempre creà que, si alguna vez caÃa, serÃa bajo el peso de algún reloj de oro, de alguna cadena de lo mismo, por lo menos! ¡Oh! ¿Por qué no robarÃa toda la fortuna de algún caballero tan viejo como rico, y asà saldrÃa de entre nosotros como caballero, y no como raterillo vulgar, sin honra, ni provecho, ni gloria?
Pronunciada una oración tan patética sobre la suerte de su infortunado amigo, Carlos Bates se dejó caer sobre la silla más inmediata a su dolorida persona, con expresión triste y compungida.
—¿Qué estás hablando sobre salir de entre nosotros sin honra, ni provecho, ni gloria? —gritó FajÃn, fulminando a su discÃpulo con una mirada de enojo—. ¿No fue siempre el mejor de todos nosotros? ¿Hay alguno que lleve su osadÃa hasta el extremo de pretender comparársele? ¿Eh?